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INCENTIVOS… A VELOCIDAD DE CRUCERO

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Cuando la incertidumbre económica afecta a sectores económicos, hasta el momento en plena efervescencia, hay empresas que apuestan por mantener e incluso ampliar la partida destinada a incentivos.  En contra de lo que una lectura superficial del hecho nos pudiera sugerir, lo cierto es que son muchos los expertos que la consideran una postura inteligente ¿Qué mejor momento que una racha difícil para cohesionar equipos comerciales, estimular  ventas o fidelizar  clientes, justo cuando la fragilidad de las lealtades  es la tónica dominante en casi todos los ámbitos?

 

Año tras año, los cruceros son una opción que gana adeptos. Quizás ha tenido mucho que ver el hecho de que, como pocas opciones, logran combinar ocio y negocio o, tal vez, ha influido su capacidad de perdurar en la mente de los invitados.

En los últimos años se ha experimentado un incremento en la demanda de organización de congresos y eventos en lugares poco habituales, si bien, como señalan los expertos del sector,  en nuestro país no contamos con una gran amplitud de espacios  “singulares” y, en aquellos calificados como tales, sus propietarios suelen poner unas condiciones bastante exigentes para  su uso. Esta situación ha influido en un hecho más que evidente: son muchas las empresas que deciden celebrar sus viajes de incentivo en altamar.  Seguir el Gran Premio de Fórmula 1 de Montecarlo desde un barco privado en la bahía de Mónaco, con todo tipo de servicios a bordo; invitar a los clientes VIP a un crucero que incluya cocktail privado en el puente de mando… Lo que acabamos de enumerar son tan solo unos ejemplos de incentivos que generan un valor emocional único, y que grandes compañías como General Electric o TNS Global han rentabilizado,  potenciando valores esenciales para el crecimiento de su empresa, como la capacidad de trabajar en equipo y ejercer liderazgo en sus labores cotidianas.  Convenciones, seminarios, incentivos, ceremonias de entrega de premios y otros eventos especiales tienen cabida en un barco…

Está claro que la labor de promoción e incentivos económicos realizada hasta el momento por la mayoría de las empresas no es suficiente para motivar al personal. Menos aún si lo que se desea es gratificar a un buen cliente o proveedor. Muchas empresas han puesto proa a un nuevo horizonte en lo relativo a incentivos: ya sea para grupos, individuales, o, simplemente, para realizar una reunión de negocios en un entorno diferente, el tándem incentivo-náutica está, más que nunca, a la orden del día. Desde 100 hasta 4.000 Euros por persona y día, el abanico de opciones es extenso, adecuándose en cada caso a las posibilidades económicas de cada empresa. Como señala Tyler Cowen en su obra “Descubre el economista que llevas dentro” (editorial Planeta) “buscamos orgullo, status, y para lograrlo, ya no es suficiente la gratificación económica”. Algunas empresas han captado el mensaje, apostando por paquetes de incentivo diferentes: emociones fuertes, experiencias únicas que logren acentuar su sentimiento de proximidad con la marca o empresa y los haga sentir diferentes.

ALGUNOS CONSEJOS BÁSICOS

Los cruceros están totalmente equipados para que la estancia a bordo se desarrolle con total comodidad. Sin embargo, es útil comprobar que disponen de elementos tales como:

 

  1. Salas de reuniones
  2. Proyectores, micrófonos y, en general, material audiovisual para el correcto desarrollo de las presentaciones…
  3. Conexión a Internet, fax, teléfono.
  4. Personal cualificado para atender las peticiones de los que son, en definitiva, sus invitados.
  5. A su vez, es aconsejable que, para grupos de más de 16 personas, privaticen una zona del barco. En el caso de que sea un grupo superior a las 200 personas, la opción más recomendable es alquilar el barco. De esta manera, se asegura un evento a su medida: desde puertos de escala, excursiones, menús….

ANTES DE ZARPAR…

El éxito en el viaje de incentivo en crucero dependerá, en buena medida, de la planificación previa del mismo. A continuación, enumeramos una serie de etapas consideradas por los expertos como imprescindibles para que, lo que en principio era sólo un proyecto sobre el papel, llegue a buen puerto.

1.- Establecer qué objetivo se persigue exactamente con este viaje. No es lo mismo agasajar a nuestros mejores clientes a una regata como invitados VIP que hacer una reunión de nuestra plantilla a bordo. Estos planteamientos y el presupuesto dirigido a la acción en concreto serán el marco a partir del cuál se tomarán el resto de decisiones.  Si lo cree necesario, puede buscar asesoramiento profesional, que les facilitará, dada su experiencia, esta toma de decisiones previa.

2.-Elección de la singladura o itinerario, siempre teniendo en cuenta la época del año en la que se desarrollará el viaje. 
3.-La elección del barco es también esencial. Cada compañía le presentará alternativas detalladas dentro de su programación.

4.-Se aconseja, a ser posible, visitar previamente el barco, para asegurarse de que las instalaciones, servicios, etc, son correctas.
5.- La logística es primordial. Por ello, y una vez se han decidido los aspectos anteriores, hay que establecer elementos fundamentales como servicios pre-crucero si los hubiera (trayectos aéreos, traslados, visita de la ciudad);  situación de los camarotes y su asignación a los participantes, formalidades de embarque y desembarque, etc. La mayoría de las compañías de crucero ofrecen la posibilidad de personalizar desde la carta del restaurante hasta el  programa del día.
6.-Enviar a los participantes la máxima información posible, sin olvidar incluir datos útiles y prácticos, como ropa adecuada -muy recomendable en el caso de que, por ejemplo, se realicen cenas de gala…etc- o lugares de visita… 
7.- Asignar a una o varias personas (dependiendo del tamaño del grupo) la coordinación y supervisión del desarrollo correcto de las actividades contratadas. Aunque pueda parecer una cuestión baladí, esta decisión puede ahorrar percances y malentendidos posteriores.

Una vez en tierra, finalizada la travesía, es importante remarcar la necesidad de “alargar la vida del viaje”, un elemento en ocasiones descuidado. Mantener la relación con los asistentes, estrechando lazos de continuidad, es primordial. Está claro que el viaje no debe responder a algo puntual, sino enfocarse como un éxito a largo plazo. Hay que mirarlo, siempre, con lentes de futuro.



 

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